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viernes, 24 de septiembre de 2010

Combatir las causas para acabar con la pobreza

Por XAVIER CAÑO TAMAYO.Los Objetivos de Desarrollo del Milenio sirvieron como impulso, pero no van a las causas estructurales de la pobreza. No se trata de una catástrofe natural inevitable, sino de una injusticia creada por quienes explotan, desprecian o ignoran a otras personas.

Más de mil millones de personas malviven con menos de un dólar diario; 30.000 niños menores de 5 años mueren cada día por enfermedades curables en países ricos; anualmente muere medio millón de mujeres en el embarazo o el parto por causas por las que ya no se muere en Europa; 1.300 millones de seres humanos no tienen ninguna asistencia médica; más de mil millones de personas no tienen acceso a agua potable; uno de cada cinco niños en el mundo no va nunca a la escuela. Y más.
Eso es la pobreza. Más allá de la frialdad y brevedad del término. Y la sufren miles de millones. Inaceptable porque no es una catástrofe natural inevitable. La pobreza la han creado y mantienen personas que explotan, desprecian o ignoran a otras personas.
Ciento ochenta mandatarios del mundo se han reunido en la ONU para revisar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM); los que se propusieron los países en 2000 para reducir la pobreza y sus principales consecuencias a la mitad. No era un propósito desmesurado, pero...
¿Como se cumplen esos ODM? Mal. En realidad muy mal porque, en 2007, el número de hambrientos se había reducido a 850 millones, pero hoy vuelven a ser 925. En 2000, el 14% del mundo pasaba hambre y los ODM proponen que en 2015 sólo sean un 7%, pero en 10 años sólo se ha conseguido reducir el hambre a un 13,5%. A pesar de que, según Joanna Kerr, Directora General de Action Aid,“luchar contra el hambre ahora sería diez veces más barato que ignorarla”, porque la mala salud de los hambrientos y otras consecuencias cuestan millones a los países empobrecidos. ¿Qué falla?
El Instituto de Investigación de la ONU para el Desarrollo Social (UNRISD) señala que el plan de ODM contra la pobreza es insuficiente. E imposible para 2015 al paso que vamos. Porque los ODM ignoran el papel esencial de reducir la desigualdad ni consideran que crear empleo de calidad es un medio estructural para combatir la pobreza y la hambruna. Pobreza y desigualdad están muy conectadas, asegura el UNRISD, y mientras haya tanta desigualdad, habrá tanta pobreza.
Desigualdad y pobreza seguirán mientras continúe el sistema de mercado sin freno sin tomar medidas para proteger a los seres humanos más vulnerables y desfavorecidos: desempleados, ancianos, indígenas, niños, embarazadas, enfermos y discapacitados.
Olivier de Schutter, relator especial de Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, ha diagnosticado que “los Objetivos del Milenio han sido útiles para movilizar energías, pero ignoran las causas más profundas del subdesarrollo y del hambre”.
Esa es la cuestión. Los ODM actúan sin dinero suficiente por la mezquindad de los Estados y gobiernos que no cumplen sus compromisos.
Los servicios médicos de urgencias son necesarios, imprescindibles. Pero muchos pacientes a los que Urgencias salva la vida han de ser llevados a las salas de los hospitales para su observación más detenida, para su seguimiento, para su tratamiento. O mueren. De igual modo, los ODM actúan como las Urgencias, y está bien, pero luego hay que ir a las causas y tratarlas a fondo. O de poco servirán todos lo ODM del mundo.
Jean Ziegler, portavoz especial de Naciones Unidas para la Alimentación, ha denunciado en varias ocasiones que la existencia del hambre es un auténtico “crimen contra la humanidad”. Pero al paso que vamos, el crimen continúa. Lo más tremendo es que, según cálculos de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo de España, imponer una tasa del 0,1% sobre las transacciones financieras, como se ha propuesto en la reunión de la ONU (pero que no formará parte de ningún acuerdo), sólo en Europa recaudaría 321.000 millones de dólares en un año. Para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015 se necesitan 135.000 millones de dólares anuales.
Para combatir la desigualdad, la pobreza y sus terribles consecuencias, hay que poner el dinero necesario, no menos, e ir a las causas. Empezando por cuestionar las creencias dominantes en la política económica actual, dice el informe de la UNRISD. O todo este tinglado no servirá para nada.
Xavier Caño Tamayo
Periodista y escritor
http://ccs.org.es/
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