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viernes, 4 de marzo de 2011

El Monopoly al que algunos juegan

Por ALBERTO SIERRA ASENSIO. ¿Qué pasaría si China apostara por una agresiva política de acuerdos comerciales y“ayudas económicas” a los países latinoamericanos, como la que ha desarrollado en África?

El próximo 9 de julio, Sudán del Sur proclamará su independencia, convirtiéndose en el 54º país de África y el 193 del mundo.
Los habitantes de esta región dijeron ‘sí’ por abrumadora mayoría a su secesión del resto de Sudán en un referéndum, culminando así décadas de conflicto con las autoridades centrales del país. La lucha por la independencia comenzó poco después de la descolonización de este país africano, en 1955. Hasta la firma de los acuerdos de paz de 2005, dejó al menos dos millones de muertos, según Naciones Unidas.
Para muchos expertos y analistas, la independencia de Sudán del Sur responde a la nueva partida de ajedrez entre Estados Unidos y China en el continente africano.

Washington respaldó abiertamente el proceso de independencia de esta región, que alberga el 75% de los 6.500 millones de barriles de petróleo que produce Sudán, el tercer mayor productor de África y el tercer país por extensión del continente.
El Gobierno estadounidense ha mantenido presiones para que se produjera la independencia de Sudán del Sur, pero también ha ofrecido para ello concesiones al presidente de Sudán, Omar al Bashir, acusado de genocidio y crímenes de lesa humanidad por la Corte Penal Internacional (CPI).
Además de las enormes riquezas en recursos que posee, Sudán representa un papel muy importante para los intereses geoestratégicos de China y Estados Unidos. El país es el centro de operaciones del continente, el lugar con más fronteras y el espacio donde las dos potencias mundiales han decido desplegar sus piezas.
Una vez dividido, tanto Washington como Pekín tendrán que ganarse los favores del nuevo Gobierno de Sudán del Sur.
China había sido en los últimos años el principal socio comercial y consumidor de petróleo producido en Sudán. Pekín no solo ha cerrado multimillonarios contratos con Al Bashir, sino que además le ha provisto de armas para protegerse de los ataques cometidos por rebeldes de Sudán del Sur y de la región occidental de Darfur contra los centros de extracción de petróleo y refinerías del país.
Aparentemente, la partición de Sudán supone un tanto para Estados Unidos. Pero que China dejase hacer y no obstaculizase el proceso en sus etapas finales hace pensar a algunos que el gigante chino podría haber alcanzado un acuerdo secreto con las autoridades de Sudán del Sur.
De cualquier manera, en este juego de las grandes potencias pierden los habitantes de todo Sudán, que van a ver cómo sus posibilidades de desarrollo como nación se reducen, al quedar los centros de extracción petroleros en Sudán de Sur y las infraestructuras para su refinamiento y gasoductos en el Norte.
Es cierto que las reivindicaciones de independencia de Sudán del Sur llevaban produciéndose desde los años sesenta, pero no ha sido hasta la fuerte entrada comercial de China en Sudán cuando los independentistas del sur comenzaron a recibir apoyos de la comunidad internacional para alcanzar sus objetivos.
Son varios los ejemplos de movimientos independentistas en regiones africanas ricas en recursos, como en Cabinda (Angola), en el norte de Malí y Níger o en la Cascamanace (Senegal).
Si China y Estados Unidos continuaran su juego estratégico podríamos ver en el futuro la independencia de alguna de esas regiones, en las que existen petróleo, fostatos e incluso plutonio.
Pero, ¿y si Pekín apuesta por una agresiva política de acuerdos comerciales y ayudas económicas hacia América Latina, como la que desarrolló durante la década pasada en África?
Imaginemos que crea unos fuertes lazos con Venezuela o con Bolivia, países con regiones muy ricas en recursos naturales como Cochabamba o Zulia, en las que existen élites y oligarquías a las que podría interesar su independencia para explotar en exclusividad sus riquezas. Países como Estados Unidos conseguirían asfixiar a gobiernos como el de Hugo Chávez o Evo Morales, hostiles a la inversión de multinacionales extranjeras.
Crear líneas divisorias y favorecer la independencia de regiones ricas en recursos siempre suele tener consecuencias similares: unos pocos se enriquecen mucho, mientras los que poco tienen, con nada se quedan.
La humanidad siempre se ha beneficiado de los intercambios de recursos, de relaciones comerciales, de lenguas y dialectos, de culturas y tradiciones, del mestizaje y del multiculturalismo. En definitiva, de la unión de los pueblos y de las personas. Las divisiones e independencias, por el contrario, generan odios y conflictos.
Alberto Sierra Asensio
Periodista con sede en México

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