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viernes, 9 de septiembre de 2011

Educar para el progreso y la evolución

Por CARLES SÁNCHEZ. Es urgente comenzar a educar para alumbrar una sociedad mundial en el corazón de cada persona si queremos rediseñar para las futuras generaciones una civilización realmente humana.

Después de más de tres años de crisis global se tiene la sensación cada vez más fuerte de estar asistiendo al final de una era que puede durar todavía unas cuantas décadas de inestabilidad, cambios traumáticos y sufrimiento para finalmente ir alumbrando el que deberá ser un nuevo modelo de civilización, intuyo que superpoblada y global, con un modelo de gobernanza mundial, interconectada e interdependiente. ¿Cómo afrontaremos este largo proceso de creación y rediseño de nuestra civilización?
Desde que se inició la crisis “financiera” hasta ahora, hemos podido comprobar cómo las economías del mundo están sometidas a la especulación de los grandes inversores y bancos internacionales; que las políticas de incremento de las demandas internas a base de emitir deuda y más deuda son insostenibles; que el poder y los centros de decisión están cada vez más lejos de los ciudadanos; que los derechos humanos y el respeto al medioambiente no forman parte del plan de globalización económica del capitalismo; que la financiarización de la economía ha desgajado de vocaciones profesionales a la sociedad a favor del dinero fácil y rápido; y que en un mundo con cada vez más naciones en vías de desarrollo y mayor población mundial, el problema de la gestión de los recursos naturales no puede ser tratado desde voluntades privadas en mercados no regulados.

La historia que nos ha conducido hasta aquí ha sido la historia del poder, del dinero y del“éxito”. Hemos heredado un mundo frívolo y evanescente en el que venimos cultivando denodadamente la ilusión de la predictibilidad de la vida hasta haber adquirido una obsesión patológica por la seguridad.
Pero no todo es un desastre, también hemos asistido a una expansión de la conciencia de los ciudadanos: un incremento de la demanda de democracias más participativas -Europa, el mundo árabe y Chile- en un momento en el que los embates de los mercados nos han mostrado las incoherencias de combinar una economía global sin una gobernanza igualmente global. Pero, ¿por dónde se equilibrarán los vasos comunicantes con esta forma de gobierno global?
Son muchos los retos apasionantes que se nos presentan para las próximas décadas.
Mientras tanto, si la humanidad ha sido y es un reflejo del estado de consciencia en el que se encuentra, uno de los retos urgentes es la expansión de ésta para reaccionar con igual determinación ante un asunto local -la eventual modificación de la Constitución, por ejemplo- o ante uno internacional -la falta de consenso en la reciente Cumbre de la ONU en Roma para regular el mercado internacional de alimentos ante la crisis alimenticia que va a matar de hambre a más de diez millones de africanos durante este año-. Debemos esforzarnos para dejar de vivir en el fragmento, recomponer este mundo hecho migajas y encontrar una referencia a la totalidad que nos dé sentido[i].
El historiador y filósofo británico A. J. Toynbee (1889-1975), alertó que el auge o decadencia de las civilizaciones depende de la capacidad de responder creativamente ante los desafíos sociales y naturales a los que se enfrenta. Nuestra civilización ha delegado en la ciencia y, más particularmente, en el avance tecnológico la solución a un progreso que es necesario revisar. El materialismo científico está llamado a transformarse para adoptar definitivamente una perspectiva de la totalidad y una visión integral del mundo más necesaria que nunca.
¿Cómo vamos a responder eficazmente a todos estos retos si no abordamos el problema desde su raíz: la educación? Si la vida es un desastre, ¿porqué tanto énfasis en educar para la vida? Debemos educar para cambiar todo lo necesario. Todo indica que lo que vale para progresar no siempre sirve para evolucionar. Educar para la posible evolución humana parece lo indicado. Quizás haya que invertir el actual desarrollo egoico-individualista por uno nuevo cooperativo que incorpore el amor a todas las disciplinas del conocimiento para que deje de ser puro cálculo. Es urgente comenzar a educar para alumbrar una sociedad mundial en el corazón de cada persona si queremos rediseñar para las futuras generaciones una civilización realmente humana.
Carles Sánchez
Miembro de Crisiseconomica2010.com
http://ccs.org.es/
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