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viernes, 30 de septiembre de 2011

La población que nos amenaza

Por CARLOS MIGUÉLEZ MONROY. Señalar a la sequía y a la pobreza como las amenazas más serias oculta dos problemas que se encuentran en la base de todos los demás: el crecimiento desmedido de la población y la falta de educación.
Naciones Unidas pide protección para las infraviviendas de zonas deprimidas que están expuestas a las catástrofes “naturales”. Ante el Día Mundial del Hábitat, piden medidas nacionales e internacionales de prevención y de reconstrucción para hacer efectivos los derechos humanos en estas zonas deprimidas.
Se trata de facilitar al acceso a tierras alejadas de zonas de terremotos, de inundaciones y de deslaves, así como de garantizar el acceso a materiales que resistan las“embestidas” de la naturaleza. Pero esos derechos a los que apela Naciones Unidas también incluyen el derecho a una educación digna y medidas para favorecer una maternidad consciente y responsable. A largo plazo, estas iniciativas frenarán la pauperización de poblaciones que crecen sin control y que ponen cada vez más presión sobre los recursos del planeta. Se producen hacinamientos, violencia y desplazamientos masivos que trasladan los mismos problemas a otras regiones.
Con frecuencia se dice que la sequía y la pobreza representan la amenaza más grave para la humanidad. Muchos medios bombardean con imágenes de niños famélicos en campos para refugiados. Señalan con razón a milicias y grupos terroristas que sabotean la distribución de alimentos entre la población más vulnerable. Piden la implicación de la sociedad civil para el envío de víveres. Al mismo tiempo, afirman que el planeta produce lo suficiente para alimentar a una población dos veces más grande que la actual. Que en los países ricos y en algunos emergentes se produzca un excedente de alimentos no garantiza su consumo en zonas del planeta que, a causa de un exceso en su población, arrastran problemas de violencia, de salud y de vivienda.
La confusión que producen algunos de estos dobles mensajes genera una angustia que alivian actos de compasión pasajera. Pero a largo plazo, esta repetición de catástrofes naturales amortigua la sensibilidad y se llega a considerar la malnutrición, la pobreza y la violencia que de ello deriva como una fatalidad para algunos pueblos. Pero el crecimiento desmedido de la población está en la base de todas esas calamidades.
El 31 de octubre se alzará al bebé 7.000 millones en un acto simbólico que prepara la ONU. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, había 1.200 millones de seres humanos; en 1991, en Sarajevo, donde se produjo la chispa que provocó esa guerra, Kofi Annan, entonces Secretario de Naciones Unidas, alzó en brazos al niño 6.000 millones.
Los expertos difieren en sus proyecciones demográficas y sus pronósticos sociológicos. Pero suelen coincidir en que, a pesar de que se ha empezado a estabilizar la curva demográfica, la humanidad se enfrentará a dos caras de una misma moneda: el envejecimiento de poblaciones enteras (con graves consecuencias para la sostenibilidad de los servicios públicos) y el aumento exponencial de la población en algunas zonas del mundo. África seguirá a la cabeza, seguida de India y después China, que ha logrado frenar el ritmo de crecimiento de su población con sus políticas.
Persiste la idea de que la naturaleza se ceba con países concretos, como algunos piensan que Dios protege o castiga a determinados pueblos según sus creencias. Como si las catástrofes “naturales” fueran otra cosa que las propias reacciones de un planeta herido. Pero Rick Perry y sus contendientes del Partido Republicano niegan las consecuencias de una economía hostil con el planeta y con sus habitantes, salvo una minoría que se puede resguardar. Señalan una supuesta conspiración de científicos para cobrar por proyectos de investigación y de una maniobra política para frenar el poderío industrial y económico de Estados Unidos. Al mismo tiempo, se oponen al control de la natalidad en países empobrecidos por cuestiones “religiosas” y “morales”,como el presidente Bush, que redujo las ayudas a otros países para sus campañas de prevención y de salud materna. La maternidad y paternidad responsables son la clave de una sociedad equilibrada.
La combinación de neoliberalismo con el ataque a la planificación familiar, a la reducción de la natalidad como fruto de decisiones responsables ponen en peligro las intenciones de Naciones Unidas de reducir a la mitad la pobreza en el mundo. La clave no está sólo en la educación de los países superpoblados, sino también en la de los países que imponen un modelo de desarrollo suicida.
Carlos Miguélez Monroy
Periodista, coordinador del CCS

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