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sábado, 9 de noviembre de 2013

Recortar en la construcción de ciudadanía cosmopolita

La movilidad de estudiantes en la Unión Europea está amenazada por la cortedad de miras de los políticos a la hora de priorizar sus gastos. Miles de estudiantes podrían quedarse sin una de las experiencias más enriquecedoras que puede tener un estudiante universitario.

Salieron de España para realizar parte de su formación universitaria en el extranjero y con una serie de ayudas económicas pactadas pero, con el curso ya empezado, el Ministerio de Educación decidió suprimirlas. Pocas horas después, el ministro de Educación rectificaba y anunciaba que las cantidades se mantienen intactas para quienes están fuera, pero quedaron sembrados los temores sobre la continuidad de las becas el próximo año. 

La medida establecía que sólo se mantendrían los apoyos para quienes contaran con una beca de estudios general, que se concede por resultados académicos y por bajo nivel de ingresos familiares. El resto debían decir adiós a un dinero que se les había prometido y con el que habían hecho sus cuentas. La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre los miles de estudiantes españoles que este año han sido seleccionados para participar en el programa Erasmus, en el que cada año participan 4.000 instituciones, que ha levantado las fronteras en la Unión Europea y se ha extendido por 33 países comunitarios y “periféricos” como Turquía.

Este año se cumplen 26 años desde que se celebró su primera edición y más de tres millones de jóvenes han participado de una experiencia tan enriquecedora a nivel educativo como cultural. Una forma de romper los muros de las universidades y poner el acento en lo que siempre fueron espacios de encuentro donde alumnos y profesores compartían saberes. En Madrid, Roma, Varsovia o Estambul. Una forma de construir Europa cuyo éxito está probado, por mucho que algunos detractores hayan rebautizado el programa como “Orgasmus” y reducido la experiencia a las fotos de borracheras y discotecas que algunos estudiantes cuelgan en sus muros de Facebook. No todos los estudiantes que participan tienen dinero para gastárselo en copas en una discoteca.

Los Erasmus también perciben dinero de la Comisión Europea y, a veces, de gobiernos regionales y sus universidades, aunque los recortes han reducido o eliminado muchos apoyos. Pero suprimir las aportaciones del estado destrozaría los presupuestos de los afectados.

De mantenerse los planes de recortes, el golpe seráaún más duro para los que tienen familias con menos recursos y para los que elijan destinos donde la vida sea más cara. “Deberían haber sido informados (los estudiantes) de la suspensión o el cambio de la aportación que hace el Gobierno”, reclamó la Comisión Europea, molesta por una decisión repentina que tampoco esperaban la comunidad educativa y el resto de partidos del parlamento nacional. Bruselas, que desde que arrancó la crisis ha puesto pedido a los Estados miembros que echen el resto para controlar el déficit y promovido medidas de ajuste a lo largo del continente, sin embargo, defendió la legitimidad del Ejecutivo español para reservar sus fondos para los que tengan una mayor necesidad económica, tal como han hecho ya Francia y Bélgica.

A las críticas se unió también un sector del propio Partido Popular, que gobierna con mayoría absoluta en el parlamento. Por eso tuvo que rectificar el gobierno, aunque sobre “los Erasmus” planea la sombra de un tijeretazo que ya ha rasgado los presupuestos para educación, sanidad, empleo público o servicios sociales y que esquivaron, sin embargo, los defraudadores de impuestos. A estos últimos se les ofreció la posibilidad de legalizar su patrimonio oculto a cambio del pago de un recargo que pasa a formar parte del erario público. A principios de este año el Ministerio de Hacienda anunció que esta estrategia sacó de la oscuridad unos 40.000 millones de euros, de los que solo logró quedarse 1.100 millones.

Si las ayudas a los estudiantes Erasmus se hubiesen limitado, asimismo, muchos se lo pensarían dos veces el año que viene antes de presentar una solicitud. Perderían la oportunidad de mejorar su formación, aprender idiomas y vivir una experiencia enriquecedora que muchas empresas tienen en cuenta en las entrevistas de trabajo. También se resentiría uno de los pilares más importantes de la construcción de Europa, a la que desde hace más de un cuarto de siglo contribuyen jóvenes que comparten vida y aulas. Más de 3 millones de estudiantes que han acercado los pueblos de la Unión Europea.

Javier Fernández Díaz
Periodista

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