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viernes, 7 de noviembre de 2014

Esos monstruos llamados bancos

Cuando reciben depósitos de sus clientes los bancos no los mantienen en reserva para hacer frente a los reintegros que éstos soliciten sino que conservan en caja una parte mínima y disponen del resto para realizar préstamos.
El fenómeno es fácil de entender: Poncio dispone de los únicos 100 euros que hay en la economía y los deposita en un banco. Con su tarjeta de débito puede realizar pagos por valor de 100 euros. Si el banco concede un crédito de 20 euros a Pilatos mediante una simple anotación contable, éste podrá gastar esos 20 euros, de modo que desde ese mismo instante ya hay 120 euros en medios de pago. El banco ha creado 20 euros de dinero bancario.
Como eso se hace sin parar, los bancos “multiplican” los medios de pago en la misma medida en que crean más deuda. Como decía el Nobel de Economía Maurice Allais, eso significa que los bancos crean dinero de la nada.
En Europa, la proporción de los depósitos que tienen que mantener los bancos en reserva es del 1% en el caso de que se trate de depósitos a menos de dos años o que se puedan retirar sin preaviso, y del 0% en los demás. Eso supone que los clientes no retienen dinero en sus manos (tarjetas o cheques), un banco puede crear de la nada 100 euros cada vez que un cliente deposita en él 1 euro a menos de dos años y tanto como quieran en el resto de los casos.
Los bancos no han desaprovechado esa oportunidad y han impuesto condiciones que obliguen a empresas, familias o gobiernos tengan que endeudarse sin cesar: fomentan la vivienda en propiedad en lugar de en alquiler, recorta salarios, permiten créditos hipotecarios por encima del valor de la casa, suben con artificio el precio de la vivienda, desgravan fiscalmente los intereses de manera que sea más rentable endeudarse que autofinanciarse.
Esa es la causa de que la deuda se dispare y de que los bancos tengan crisis cada dos por tres, puesto que crear deuda de esa forma hace que el valor de sus créditos se separe del que tienen sus depósitos y su capital.
En junio se publicaron los últimos datos que permiten comprobar la relación entre el capital y los activos de los 50 bancos más grandes del mundo. Esos 50 mega bancos tienen un capital de 772.357 millones de dólares mientras que sus activos tienen un valor 87,6 veces mayor (67,64 billones de dólares). El récord lo tiene Wells Fargo Bank de Estados Unidos que tiene activos por un valor 2.646,6 veces mayor que el de su capital. Le siguen Citibank, con una relación de 1.793,3 a uno y el ING que tiene 1.550,3 dólares en activos por cada dólar de capital. El Banco de Santander está en el puesto 15 y con una relación de 196,9 dólares en activos por cada dólar de capital, y el BBVA, en el puesto 35 y con una relación  de 20,5 a uno.
El sistema de reserva fraccionaria da lugar a estos monstruos financieros que descansan sobre la nada y que es casi imposible que se mantengan en pie sin caer en algún momento.
Pero aunque el sistema es peligrosísimo, la banca ha adquirido gracias a él un poder político inmenso, diabólico, que se extiende a todos los resquicios de la sociedad y que le permite obligar a que sean los ciudadanos los que carguen con los costes multimillonarios que genera cada vez que cae.
Vivimos en un sistema que permite que la utilización de un elemento esencial para crear riqueza, empleo y satisfacción humana como el dinero, que es a la economía como la sangre al cuerpo humano, dependa de la voluntad de un grupo social privilegiado. No hay más alternativa que acabar con el sistema de reserva fraccionaria y considerar el crédito como un servicio público obligando a que la banca, privada o pública, lo gobierne bajo ese principio. Eso no solo permitiría evitar el infierno que produce cada crisis que provoca el sistema bancario actual, sino utilizar el dinero que es un bien común para financiar a empresas y consumidores y que los intereses (utilizados solo como instrumento de estabilización) revirtieran al Estado aliviando una parte inmensa de la actual carga fiscal.
Juan Torres López

Profesor de Economía por la Universidad de Sevilla