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martes, 24 de febrero de 2015

El procomún y los bienes comunes

Este nuevo dossier de Economistas sin Fronteras, correspondiente al invierno de 2015, coordinado por Luis Enrique Alonso (Universidad Autónoma de Madrid). Trata de poner al alcance de los economistas interesados y de la ciudadanía en general el debate que a partir de las movilizaciones indignadas (pero lógicamente arrancando de mucho antes) ha emergido sobre el procomún y los bienes comunes como formas de construir la posibilidad de estilos de vida y de gestión de los recursos humanos y naturales que no están directamente ligados a la ley del valor mercantil, pero tampoco a las formas burocráticas de los bienes públicos estatales.
En el número se revisan los temas más técnicos del debate sobre el procomún, pero trata, también, de acercarse al tema desde una perspectiva que da entrada a las prácticas cívicas concretas, pues ve la luz en un momento repleto de iniciativas que debaten y promueven la idea de poner la atención social en la idiosincrasia de los bienes comunes. Este movimiento tan prolijo podría verse desde una mirada sistémica como una respuesta al individualismo imperante en este momento histórico, y refleja, a su vez, la gravedad de la crisis civilizatoria que estamos viviendo (ecológica, de cuidados, económica, energética, etc.), lo que explica la importancia de poner este tema en el centro del debate social y académico, ya que estamos viviendo una incesante privatización de los servicios de bienestar, de los ecosistemas o los recursos naturales, del conocimiento y de los bienes comunes culturales, etc.; esto es, también una crisis de lo público en muchas de sus dimensiones, propiciada por la privatización como herramienta ideológica de un sistema económico que tiende a comportarse (abandonado a su propia dinámica de expansión depredadora) de una manera racista, colonialista y heteropatriarcal. Por eso, más allá del discurso académico, son las movilizaciones sociales que reivindican los comunes y las prácticas concretas que generan nuevos comunes (o que incrementan los comunes ya existentes) las que dan sentido a esta tendencia.
Porque son las prácticas que se nutren tanto de los aprendizajes de los antiguos comunales como de las nuevas formas de mirar a los comunes las que, en el fondo, dan carta de naturaleza a todo el movimiento de carácter más institucional y académico en torno a la reflexión sobre la economía de los comunes.